Aníbal Troilo, que nació en el Abasto, calle Cabrera 2937, entre
Anchorena y Laprida, de grande salía de gira por la calle Corrientes y tocaba
en Caño 14, Talcahuano 975. "De Buenos Aires tendría que decir
muchas cosas... Que es mi vida, que es el tango,
que es Gardel, que es la noche... Que es la mujer, el amigo... Tendría que
decir muchas cosas y muchas no sabría cómo decirlas... Pero anoté esto:
agradezco haber nacido en Buenos Aires."
Caño 14 llevaba ese nombre en alusión a la cultura barrial, salir de “caño” y borracho, por eso el 14 de la quiniela. Ahí paraban además de Aníbal Troilo, Roberto Goyeneche, Osvaldo Pugliese, Hugo Marcel, Virginia Luque, todos. También los personajes de radio como Mochín Marafiotti eran habitués, y el capo del lugar era Rinaldo Martino, ex crack de San Lorenzo de Almagro, autor de casi 200 goles, un hombre de la noche, de las pizzerías y de las milongas. Roberto Goyeneche vivía en Saavedra pero trabajaba de noche en el centro. Descansaba solo los domingos, que eran sagrados: se quedaba en su casa de Melián comiendo los fideos y mirando sus pájaros. En la semana no se lo veía por el barrio, pues dormía de día y trabajaba de noche. La misma vida que la de Troilo, que le puso orquesta a Goyeneche y a los mejores cantores.
Caño 14 llevaba ese nombre en alusión a la cultura barrial, salir de “caño” y borracho, por eso el 14 de la quiniela. Ahí paraban además de Aníbal Troilo, Roberto Goyeneche, Osvaldo Pugliese, Hugo Marcel, Virginia Luque, todos. También los personajes de radio como Mochín Marafiotti eran habitués, y el capo del lugar era Rinaldo Martino, ex crack de San Lorenzo de Almagro, autor de casi 200 goles, un hombre de la noche, de las pizzerías y de las milongas. Roberto Goyeneche vivía en Saavedra pero trabajaba de noche en el centro. Descansaba solo los domingos, que eran sagrados: se quedaba en su casa de Melián comiendo los fideos y mirando sus pájaros. En la semana no se lo veía por el barrio, pues dormía de día y trabajaba de noche. La misma vida que la de Troilo, que le puso orquesta a Goyeneche y a los mejores cantores.

“La calle es el mejor lugar de todos. Se
aprende. En el hogar se aprende la educación, pero en la calle se aprende a
vivir, y sino que me lo digan a mí. Todo lo que aprendí, lo poco y extraño que
aprendí, lo aprendí ahí. En la calle Corrientes yo trabajé en dos lugares muy
distintos: en el Germinal y en el Tibidabo”. El “Tibidabo" fue un cabaret importante ubicado en
Corrientes entre Talcahuano y Libertad. Durante años la atracción principal fue
la orquesta de Troilo, que hacía la temporada de abril a diciembre. Por todos
esos cabarets iban de gira futbolistas como José Manuel Moderno y otros de “La
máquina” de River Plate, aquella delantera leyenda de la década del ‘40. El
Charro Moreno era uno de los jugadores más dotados de la época, pero en su vida
privada ocasionaba ciertos inconvenientes. En los partidos de fútbol de
domingo, el Charro Moreno era siempre figura y el mago que ayudaba a marcar
goles al máximo goleador, Ángel Labruna. En la semana, e inclusive los sábados
previos a los partidos, Moreno también salía de gira por la calle Corrientes,
sobre todo por los cabarets, para disfrutar de la orquesta de Aníbal Troilo. El
sábado el futbolista iba a ver a Troilo para que le dedicara “Pa que bailen los
muchachos” y el domingo el bandoneonista iba a la platea San Martín para ver a
River y deleitarse con la mejor delantera. Era como un rito, muy fanáticos los
dos.
La plenitud de la dupla, Pichuco Troilo y la voz del cantor Roberto Goyeneche, se puede saborear como documento en “Pa’ que bailen los muchachos”. En la letra de Cadícamo se muestra el orgullo dañado por el abandono de una mujer: “No te quejes, bandoneón, que me duele el corazón, quien por celos va sufriendo, su cariño va diciendo.” José Manuel Moreno bailaba ese tango por las noches mientras fumaba, tomaba, y andaba de mujer en mujer.
“Cometimos muchos errores, muchos excesos”. José Manuel se perdía en el
vicio de las mesas del cabaret Marabú y Aníbal Troilo, en
el fanatismo de la tribuna, en su platea.
Cuentan que un domingo Troilo tenía que ir a un canal de televisión
a cumplir un contrato, pero que faltó sin avisar. Las autoridades lo querían
despedir y fueron a ver a Zita,
la esposa de Pichuco, que sin mucho preámbulo les dijo: “Usted sabe que Pichuco
tiene tres amores: su vieja, el tango y su glorioso River. El domingo pasado, a
las 10 de la mañana, vinieron sus amigos a buscarlo para ir a la cancha, y
todavía no volvió”. Troilo también paraba con los jugadores en largas
concentraciones, en las que los dados y las cartas relajaban los ánimos previos
a los partidos que el equipo de Núñez debía disputar.
La plenitud de la dupla, Pichuco Troilo y la voz del cantor Roberto Goyeneche, se puede saborear como documento en “Pa’ que bailen los muchachos”. En la letra de Cadícamo se muestra el orgullo dañado por el abandono de una mujer: “No te quejes, bandoneón, que me duele el corazón, quien por celos va sufriendo, su cariño va diciendo.” José Manuel Moreno bailaba ese tango por las noches mientras fumaba, tomaba, y andaba de mujer en mujer.

Ahí está la calle Corrientes, la mejor avenida
para la noche. Ahí queda desde 1932 la mejor pizzería, Güerrín, entre Uruguay y
Talcahuano, Allí mismo se reunían grandes celebridades de la calle Corrientes,
entre ellas, intelectuales, actores y muchos políticos. Las pizzas, siempre
horneadas a leña, tienen un secreto en la muzzarella abundante que chorrea
cuando se la corta, aceitosa y lechosa, ya que
proviene directamente de tambos propios.
Güerrín le gana a Los Inmortales, de Corrientes
1369, que desde 1955, al cumplirse veinte años de la desaparición física de
Carlos Gardel, tiene un gigante cuadro del artista Carlos Leonetti, que mide
3,80 metros de ancho por 2,10 metros de alto. En el cuadro se ve a Gardel cerca
del Obelisco, pero en realidad Gardel murió antes de la inauguración del gran
monumento blanco de cemento, otro mito de Buenos Aires. Gardel y el Obelisco no
se conocieron.